LA VIRGEN DEL CAMINO PARTE III
Lentamente, pasaron los minutos y las medias horas. Mis manos estaban totalmente « jugozas » de traspiración...Finalmente, ví una luz que venía a la distancia en dirección opuesta a la nuestra...Sin pensarlo dos veces, casi de inmediato, lentamente saqué el Jeep del camino para darle el paso al otro vehículo...Me sentí tan importante cuando pensé que yo (pobre yo, muerto de miedo) acababa de respetar una de las « convenciones de los profesionales del camino ». Mientras todos estos pensamiento inundaban mi mente, con el motor corriendo y la caja de cambios en neutro y (desde luego) el freno de mano bien puesto, traté de relajarme, de darle un descanso a mis ojos que, a estas alturas, mucho me dolían.
Una vez que el otro vehículo había desaparecido a las espaldas del nuestro, volví a seguir con mi odisea, esta vez mas relajado, con un poco más de confianza en mi mismo. Durante la media hora siguiente, dos veces mas tuve que convertirme en « un profesional del camino » y ceder el paso de acuerdo a « nuestras convenciones ».
Mucho más tarde, cuando mi confianza en mi mismo salía por todos mis poros, una nueva luz apareció a la distancia, en dirección opuesta a la nuestra. Nuevamente, como buen « profesional del camino » y de acuerdo a las « convenciones », saqué el Jeep del camino y me puse a esperar. Esta vez, no se por qué, paré el motor del vehículo y lo único que podía escuchar era el sonido que hace el silencio interrumpido por los ronquidos de mi progenitor.
Pasaron largos minutos y varias medias horas y el vehículo que venía en dirección contraria, no avanzaba...El silencio de la noche seguía, los ronquidos de mi padre no decrecían y, lo que era peor, el frío de la aurora se hacía sentir...El otro vehículo seguía sin avanzar...
En vista de que en sus claras instrucciones, a John Bull se le había olvidado mencionar este percance y, por lo tanto, yo no sabía que hacer, con gran consideración por su « etílico cansancio », con mucha delicadeza y cuidado, me atreví a despertar a mi padre... « Viejo » (como yo lo llamaba cariñosamente) le dije... « No se qué pasa...Hace un largo rato que me salí del camino para dejar pasar al que viene en dirección contraria y éste no parece avanzar »... Mi padre, degustando el espíritu de los residuos de todo lo que había comido y bebido durante el dia que aún habitaba su boca, miró a su alrededor para ubicarse (como quien mira un mapa) : el mar y las rocas al lado izquierdo del camino, los cerros (de distintas formas y colores) al lado derecho...Una vez que logró ubicarse, después de rascarse la cabeza varias veces, con una carcajada que despertó al silencio e hizo huir al frío, cariñosamente puso sus brazos en mis hombros y me dijo :
« Esas luces que no se mueven, que no avanzan, son las luces de las velas que los camioneros todas las noches le prenden a la Virgen del Camino... Es la imagen de una virgen que en una pequeña cueva natural, en la roca, tu padrino, Gerardo del Lago, instalara muchos años atrás, para marcar el lugar en que uno de sus hijos murió en un accidente y para que nos cuide a todos... » Tácitamente, sin tener que decirlo, registrado en el tono de voz que usó, también me había dicho que no me preocupara, que ese error lo podía haber cometido cualquiera.
Yo, que ya había tenido una noche muy difícil, quería que me hubiera llevado el viento, que me hubiera tragado la tierra...Me moría de verguenza...Yo, que ya me creía « un profesional del camino »...Yo, que con tanto éxito había conducido casi 150 largos kilómetros solo...Yo, que supe respetar las « convenciones del camino » como un verdadero profesional no una vez, sino tres veces, no supe distinguir entre las luces de un coche y la luz de las velas de la Virgen del Camino que ocupaba una cueva natural, en la ladera de un cerro, junto al camino, entre Tocopilla y Antofagasta.
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